martes, 25 de marzo de 2014

Recuperando historias del pasado I - ``La Sala de los Espejos Vacíos´´

Supongo que aquella noche no fue real...
Me encontraba en una extraña sala oscura, cuya única iluminación era la luz de unas siniestras velas situadas a ambos lados de tres espejos, a cada cual más viejo y resquebrajado. Lo único que diferenciaban a éstos extraños muebles era el emblema que se encontraba en la parte superior central.
Al primero que me acerqué tenía una lágrima roja, la cual parecía ser de verdad. De repente, una voz masculina comenzó a sonar.
"Bienvenida a la sala de Los Espejos Vacíos. Si estás aquí es porque tu alma necesita un descanso y una recompensa al mismo tiempo..."
Aunque me sentía extrañada, sin embargo decidí continuar escuchando.
"Este es el espejo del dolor, el cual muestra nuestra mayor preocupación".
De repente, en el cristal, además de mi silueta, comenzaron a aparecer imágenes sueltas de la vida, las cuales todas recordaban a una misma situación; la soledad. Una pequeña lágrima asomó por mi rostro. No era una lágrima normal... Era una lágrima de sangre.
Al momento, la voz me hizo acercarme al segundo espejo, cuyo emblema era una rosa marchita.
"He aquí el espejo de los sueños rotos, el cual muestra nuestros más ansiados deseos..."
En el mismo, a mi alrededor aparecieron imágenes que recordaban a la felicidad, una felicidad lejana y distante. Al instante, en mi mano apareció una rosa roja, muerta y seca, cuyas espinas ya no producían un picoteo revoltoso, sino unos dolorosos pinchazos. 
Por último, la voz me guió hacia el último espejo. Arriba del mismo podía intuirse un corazón, aunque estaba un poco polvoriento y por algunas partes se encontraba roto.
La voz masculina comenzó a hablar, en este caso parecía más cercana.
"Aquí te muestro el último espejo. El Amor, obvio por su emblema, pero... Me llama la atención, no consigues que en él se refleje nada..."
Agaché la cabeza triste y avergonzada y apreté los puños para evitar el llanto desconsolado. Al momento noté como si alguien me abrazara por la espalda. Aquello se conocía como el abrazo más tierno...
"Eh... No llores... Mira el corazón"
Pude ver cómo al mismo se le quitaba el polvo, y las heridas sanaban. Fue como si algo dentro de mi se volviera a unir, a ensamblar... A tener vida...
"Mira, ya puedo ver algo reflejado" 
En el cristal aparecían dos figuras humanas; una era la mía y la otra la de aquel misterioso caballero abrazado a mi.
"Ese corazón era el tuyo, y ahora que estoy contigo no volverá a ponerse así..."
***
Las almas volvieron a ser felices, al menos, la de una pequeña joven cuyo corazón de piedra había comenzado a romperse.

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