Recientemente soñé con el amor, algo ajeno a mí. Algo que no quieren que merezca, algo ficticio.
Soñé como con un cuento de hadas en el que un entrañable y apuesto ser mostraba un desmedido interés hacia mi persona, un interés que se mostraba cada vez que lo veía y quedábamos juntos. Una persona que se arreglaba para recibir a alguien a quien quería interesar, a alguien hacia el que sentía cariño y amor. Soñé con una persona a la que le gustaba en toda mi esencia; lo bueno y lo malo, lo divertido y lo aburrido, la doctora y la humana.
Recuerdo esa sensación placentera de estima personal que sentía durante el sueño, así como la inmensa tristeza que experimenté nada más abrir los ojos para percatarme de que todo aquello sólo había sido producto de mi imaginación. Añoro el sentimiento que viví durante el viaje de mi alma al aspecto más odiado de mi persona, en el cual los impulsos de felicidad de transformaban en suspiros de recuerdos y anhelos.
Pero sobre todo, despierta en mí especial interés el fuego que en mi interior se aviva cuando revivo lo soñado, ya que es una muestra más de que paso mucho tiempo soñando despierta y muriendo mientras sueño, pues no hay mayor dolor que el subsistir a base de sueños y morir por realidades.
``De ilusiones se vive, por desilusiones se muere´´ - Anónimo.

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