domingo, 22 de junio de 2014

Queridas personas;

Me dais pena. Actuáis como uno de tantos, no os habéis si quiera percatado de la banalidad de vuestras acciones. Hoy me convertiré en la voz de vuestra conciencia, de aquella que un día hicisteis callar (a nadie le gusta reconocer sus propios errores), de aquella que un día debísteis de haber olvidado para siempre...
Os quejáis de pocas oportunidades, os quejáis de poca diversión, os quejáis de incomunicación. ¿Acaso no sois los primeros en no crear oportunidades, en destruir la auténtica diversión y en incomunicaros? 
Os creéis hedonistas hasta decir basta. Qué tristeza de aquellos que sólo hallen el placer en el goce sensorial, y cuantísimo me lamento de esos hipócritas que afirmen "ser diferentes". Yo me río de su melancolía. Ni el ser más solitario del planeta conoce la verdadera soledad. 
Las auténticas personas dejaron de existir desde el momento en el que los valores decayeron. Vagáis sin rumbo, os parecéis a entes sin vida que deambuláis. ¿Y vuestra personalidad? Qué asco. Vosotros que os hacéis llamar especiales, que de todo sabéis y de nada conocéis, ¿a quién creéis engañar? 
Afortunadamente yo no soy humana ya que os observo desde un lugar inaccesible para vosotros y así lo prefiero. Más vale solo que mal acompañado. 
Mi querida civilización, me habéis decepcionado.
Ya no puedo confiar en vosotros, pues como en un principio dije, os habéis convertido en uno de tantos, y tanta gente igual sólo me causa aversión.
Queridas personas, ya no sois lo que antaño fuisteis. 
Es una pena.
...

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