sábado, 6 de diciembre de 2014

La Senda del Astro - Un proyecto ambicioso cuyos cimientos están aún en construcción.

(...)
La puerta del despacho se abrió lentamente con aquel chirriante sonido habitual. No era la primera vez que Ionita atravesaba aquella entrada, pero si era esta la primera vez que lo hacía por voluntad propia. 
Cansada de las recomendaciones de sus profesores, aquel era el primer momento en el que, decidida a transmitir sus inquietudes a una profesional, decidió abrirse hacia una persona; la psicóloga de su instituto.
-Buenos días, profesora Elena - dijo tímidamente.
-Buenos días Rebeca. Por favor, siéntate - la mujer le indicó un asiento situado delante de su escritorio.
Rebeca, más habitualmente conocida como Ionita, tomó asiento. Cuando se acomodó, dejó que su media melena oscura tapara medio rostro, como era normal en ella. Sus mechones azulados eran un especial foco de atracción para cualquier persona que la mirase, lo que la hacía sentirse incómoda.
-He de serte sincera, antes de que me empieces a contar el motivo de tu visita, que el profesorado nos hemos intrigado bastante ante esta iniciativa que has tenido de solicitar una charla conmigo, la psicóloga.
-Profesora, no pretendo sonar tajante, pero no he venido por eso - Ionita, considerada una alumna bastante introvertida, jamás se las daba de niña borde, pero cuando se sentía nerviosa, se le notaba - Verá es que... no... no me siento... no soy como los demás.
La mujer, que recorrió rápidamente (y sin que se notara) la figura de la chica, no podía estar más de acuerdo. ``Color negro, cadenas, pinchos y cuero; ¿es que acaso pretende pasar inadvertida así?´´.
-Rebeca, es normal. Tus gustos son diferentes, tu estilo, tu...
-No me refiero a eso profesora - la interrumpió - ¡Qué insignificantes las personas que piensen que una persona se reduce sólo a lo que muestra con su aspecto físico!
Atónita ante la respuesta profunda (o al menos, más profunda de las frases mono-palabra) de Ionita, la psicóloga adoptó una expresión de intriga.
-Verá... - continuó ella - Cuando miro a mis compañeros... a mis profesores... a usted - Ionita levantó la vista para mirarla a los ojos. A la mujer le impactó la mirada tan impactante de su alumna - es como si les viera cada parte de su cuerpo, como si su propia alma se mostrara ante mí... Es como... si pueda ver la energía en las personas.
Sólo un par de parpadeos hicieron a la preocupada chica percatarse de que su psicóloca se encontraba casi tan perdida como ella.
-A veces - prosiguió - cuando rozo a algunas personas en el pasillo, siento un pequeño calambre. Sé que eso es normal, pero, ¿siempre? Me siento extrañada porque, además, tampoco veo al resto de los alumnos igual. Para mí ellos son como... hormigas, son todos iguales. Pero una vez, vi a una persona mientras caminaba por la calle que era como... si tuviera luz propia.
La profesora empezaba a comprender. Ionita no era callada porque se sintiera rara; sino porque su existencia en sí lo era, y no querría que los demás se percatasen de ello o que se enteraran de su punto débil.
- ¿Y eso te ocurre... siempre?
- A diario, y cada vez más. Es curioso pero, sólo me relajo mirando las estrellas, al cielo... Como si mi casa... se hallara lejos.
Elena suspiró profundamente y le preguntó;
- Rebeca.
- Llámeme Ionita, por favor. Rebeca sólo me llaman los profesores y los que me desprecian...
- Bien, eh... Ionita... conozco a una persona con la que deberías hablar. Verás él es neurólogo y tal vez pueda echarte un vistazo a ese problema. Si te soy sincera, con mis conocimientos de Psicología, tu planteamiento se escapan de los mismos... Se escapan incluso de... no sé, ¡la física! 
-Debe ser frustrante para una persona que ha estudiado tanto no poder emplear sus conocimientos, ¿verdad?
-Lo es, pero, como dijo una doctora - Elena se incorporó y cogió de la estantería un grueso tomo titulado ``El Cauce de la Sabiduría´´ - <<Nos creemos conocer más de lo cogniscible, pero no comprendemos ni nuestra propia realidad>> . Esta mujer fue una pionera en el mundo de la medicina experimenta, y aunque suene extraño, no era del todo empirista. Es más, ¿sabes a lo que encauza cada una de sus reflexiones?
Ionita negó con la cabeza.
- ``Las estrella deben volver a casa´´. Todavía no comprendo lo que significa, pero me imagino que será algo relacionado con que no nos aventuremos a decir que los científicos conocen mucho de la realidad... En fin, es emocionante saber que todavía no sabemos casi nada, ¿no? - la profesora le mostró una sonrisa de complicidad a su alumna, pero ésta se limitó a observar quieta el libro.
- ¿Me lo puede prestar?
Ni siquiera Elena se lo había leído aún, y fue un regalo de su marido, pero si no se lo dejaba el resto del claustro le echaría en cara que ``no ha fomentado la integración de una de sus alumnas´´.
- ¡Si, claro!
- Gracias profesora, se lo devolveré cuanto antes. Llamaré a su compañero neurólogo...
Con un asentimiento de cabeza, la mujer se despidió de la chica que se fue del mismo modo misterioso del que llegó.
Elena se dejó caer en la butaca de su despacho. No comprendía el motivo, pero se sentía como si se hubiera ido por aquella puerta parte de su fuerza vital. ``En fin´´ - pensó - ``Vamos a preparar la siguiente cita...´´.

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